sábado, 28 de noviembre de 2009

Apuntes sobre escritores radicales: José Luís Castillejo

En los "Apuntes sobre escritores radicales" (libro que ya tengo a falta de una revisión de estilo, listo para entregar a la editorial) los sujetos elegidos forman un universo variopinto y peculiar. Las caracterícticas de la poesía experimental como movimiento, hace que sus practicantes y autores asimilados, tengan una extracción social muy variada. Y que se den incluso casos de auténticos outsiders. Lo cual en un movimiento marginal, ya es ser. Hoy reproduzco de este libro el apunte que hice sobre José Luís Castillejo hace años, sin cambiarlo una coma, aunque en la actualidad me parezca poco profundo. Pero también es cierto, que profundizar en algunos terrenos, no siempre es aconsejable.

José Luís Fernández de Castillejo y Taviel de Andrade ha vivido una gran parte de su vida fuera de España, primero como emigrado político (acompañando a sus padres) a partir del año 1937 y hasta 1953. Después como estudiante en Francia e Inglaterra. Y a partir de 1960, como parte de su ejercicio de la Carrera Diplomática. Y sin embargo, sus características españolas (o mejor aún sevillanas), han permanecido incólumes. Puede decirse que Castillejo es español por los cuatro costados tanto en lo bueno como en lo malo.
Más aún: Es un señorito andaluz. Es decir, la quintaesencia de los señoritos españoles. Y además, su experiencia del poder a través de su profesión ha reafirmado sus características aristocráticas, aunque curiosamente nunca ha querido ostentar ninguno de los títulos de nobleza que había heredado de su padre.
Y es que Castillejo es también, y de forma muy determinante un intelectual, por vocación, por afición y por dedicación. Además es un intelectual con una formación excepcional por su conocimiento de idiomas, por sus contactos personales, por sus viajes, por su actividad como coleccionista de arte contemporáneo, etc...
También porque es un lector compulsivo. En los primeros años setenta, durante una estancia de varios años en Madrid, por imposición del servicio diplomático, Castillejo solía regalar a algunos amigos (entre ellos Alfonso López Gradolí, que era vecino suyo, y le hacía descaradamente la pelota) libros y revistas recién editados en Francia o USA, porque su esposa sólo le dejaba tener en su domicilio mil libros. Así para que entrara uno nuevo, tenía que salir uno antiguo.
Sólo desde prejuicios ideológicos (a favor o en contra) puede considerarse a los señoritos españoles como un colectivo negativo. Son más bien el producto de una historia y el resultado de unas condiciones sociales y políticas. El propio Castillejo no tiene dudas al respecto, aunque eso influya poco o nada en su propia forma de actuar y ver el mundo.
En una visita a Berlín, un diplomático que había trabajado a las órdenes de Castillejo cuando era cónsul en Sttutgart, en los años setenta, me refirió la siguiente anécdota:
Cuando José Luís llegaba por la mañana a la sede del consulado, le daba las llaves de su automóvil al bedel, y le decía:


- Tráigame usted el automóvil.


- Sí, don José Luís, ¿Donde está aparcado?.


- Querido, si yo supiera donde aparqué el coche, no tendría ninguna necesidad de que usted me lo trajera...


Esta escena y otras parecidas, se repetían habitualmente sin que Castillejo pareciera considerarlas insólitas o impropias.
Entre los aspectos positivos de su visión señorial de la vida, hay que señalar su despredimiento económico a la hora de ayudar a Juan Hidalgo y Walter Marchetti, en la época en que formaba parte del grupo zaj. Aparte de la invitación que les hizo para vivir durante varios meses en su residencia oficial del consulado en Argel, está la total financiación de los libros Viaje a Argel, de Juan Hidalgo, y Arpocrate sedutto sul loto, de Waltter Marchetti.
Lo mismo puede decirse de la mayor parte de los “cartones” y tarjetas de la primera época zaj. También es muy probable que ayudara a sus amigos en algunos de los viajes al extranjero, y en concreto el que hicieron a Londres en el año 66 para asistir al Simposio sobre la destrucción en el arte, del que Castillejo tuvo que huir ante la posibilidad de ser detenido por la policía inglesa, y verse mezclado en un incidente diplomático.
Este comportamiento es muy llamativo si tenemos en cuenta la actitud de Castillejo ante el dinero, a partir de los problemas que tuvo con el gobierno socialista a finales de los años ochenta, cuando el ministerio de Asuntos Exteriores quiso expulsarle de la Carrera Diplomática. Aunque no lo consiguió, Castillejo vivió la primera crisis económica de su vida adulta, y a partir de entonces se volvió una persona obsesionada por el dinero.
En los pocos estudios que se han hecho sobre zaj, el protagonismo y el significado de Castillejo son casi inexistentes. Al personalizar en Juan Hidalgo toda la historia, y al ser las propuestas de Castillejo tan distintas y tan distantes de las del resto de los miembros zaj, los estudiosos guardan silencio. Y es que para comprender a Castillejo hay que conocer su relación con el mundo de la cultura norteamericano, desde el modernismo a Greemberg, pasando por el expresionismo abstracto y los minimalistas.
A finales del siglo XX, cuando Castillejo se jubiló de la Carrera Diplomática se dedicó durante varios años a escribir una serie de ensayos sobre la escritura, la experiencia estética, el espíritu, etc... Estos trabajos tienen títulos como Los lenguajes del espíritu; La comprensión de la escritura; El fin de la sabiduría; Profundidad. La metáfora; Cultura de la incomprensión, etc... Es decir varios miles de folios escritos en una letra redondilla que se lee muy bien (cosa rara en un escritor profesional).
Se trata de ensayos con una voluntad anti-académica (no llevan citas ni referencias bibliográficas de ningún tipo) , escritos en una prosa muy cercana a la de sus textos sobre la escritura no escrita de los setenta. Sus planteamientos trabajan con tesis de la psicología post-jungiana y el neo-budismo norteamericano. Pero Castillejo va más allá de las neo-filosofías porque él es por encima de todo, un escritor moderno que derrama una elocuencia postextual.
Como en el caso de sus libros de creación, todos editados por él mismo, estos escritos permanecen en una tierra de nadie intelectual y social. Castillejo nunca ha creído en los grupos ni en la solidaridad artística. El se considera a sí mismo un profesional y no acepta componendas. Lo cual significa que estos libros necesitan de un milagro para verse editados. Y últimamente los milagros parecen haberse volatizado. (Lo cual no quiere decir que no los haya, porque haberlos, haylos).

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