lunes, 19 de octubre de 2009

Un diario, dos diarios, tres diarios


A lo largo de mis 65 años, he hecho varios intentos por mantener un diario, que se han quedado en eso, en intentos. Es muy posible que me falte -o me sobre- carácter para semejante actividad. Es decir para un discurso temporal y temporalizado, que se mueve entre la lírica de la subjetividad y el cotilleo banal y sin horizontes.
Pero bueno, como por lo que yo se, lo más parecido a una profesión que ha habido en mi vida es la de la escritura, aquí estoy intentándolo de nuevo.
¿Qué me mueve a hacerlo?.
En primer lugar la evidencia de que, dure lo que dure, un diario se transforma en un documento que no tiene comparación ni sustitución por otra vía. Lo escrito escrito está, y lo pensado o sólo vivido, desaparece en su práctica totalidad. Nadie constata estos hechos mejor que un escritor.
En segundo lugar, como decía, para bien o para mal, por mérito o sin él escribir es lo mío. (Rememorando a mi amigo Felipe Fernández Alonso, conocido por su pseudónimo Felipe Boso, "como si vivir no fuera lo mío"). Escribir es crear, pero sobre todo es vivir, aunque puede ser tan sólo una forma de vida postiza o inane, pero vida al fin.
En tercer lugar, una cuestión práctica. Desde hace varios años vivo en el campo, en mitad de las montañas de ningún sitio (o en el culo del mundo según la descripción de mi mujer), y en estas circunstancias, un diario puede ser un asidero al que agarrarse para ponerle límites al tiempo y al espacio.
Y por último, me mueve a escribir este diario un impulso nacido en los últimos días durante una estancia en la ciudad de León. Fui allí acompañando a mi mujer, María  (María AA por su nombre artístico) que había sido invitada por el comisario de ACCIÓN es LEÓN, Ignacio Galilea, a realizar una performance. Era mi primer viaje como artista consorte (consuerte o sin ella), y la verdad es que ha resultado una experiencia muy instructiva para mí.
Una característica peculiar de este festival ha sido que los organizadores pidieron a los artistas participantes que estuvieran presentes todos los días de la celebración (cuatro en total), ofreciéndoles correr con todos los gastos de estancia y manutención. Cosa poco habitual. Y menos habitual aún es que una mayoría de artistas aceptara la oferta. Aunque María y yo llegamos a León el miércoles día 15 y nos volvimos el sábado por la mañana, los dos días y pico que estuvimos allí nos permitieron asistir a un considerable número de performances, y sobre todo a encontrarnos con viejos amigos y conocidos de ambos (como Yolanda Pérez Herreras, Pepe Murciego,  y a conocer a performers muy diversos tanto por su extracción como por sus actividades y su edad. Esta presencia continuada de artistas dió lugar también a que se establecieran contactos con el público, especialmente jóven, y por lo tanto a un trabajo especial de promoción e información de las nuevas formas de hacer arte.
Lo vivido, lo visto y lo oído en esos días, teniendo en cuenta mi posición de oyente (cosa poco habitual en mí) me ha dado mucho que pensar en un sentido, y me ha ratificado en otro sentido en algunas de mis ideas más queridas.
En medio de todo ello, me imaginé que, si hubiera dispuesto de un blog en internet, me hubiera sido muy últil para intervenir en los debates, y sobre todo para dejar constancia pública y por escrito las cuestiones relevantes que allí se estaban debatiendo.
Pondré sólo un ejemplo: La performance de apertura corrió a cargo de María AA que estrenó su pieza "Alfombra Roja". Dentro de su línea de escribir con el cuerpo, María utilizó en esta ocasión su desnudez para cubrirla de una tintura rojo-sangre, para pintar con ella, frotándose, arrastrándose, una alfombra blanca, hasta convertirla en roja. Seguramente porque esta acción se realizó en una céntrica plaza, utilizanado la puerta principal del antiguo ayuntamiento, y a una hora cómoda (las seis de la tarde), hubo una considerable asitencia de público (más de ciento cincuenta personas que siguieron el evento con gran interés y en un respetuoso silencio, sólo roto por el continuo crepitar de una docena de máquinas de fotos). Al día siguiente los diarios leoneses y el suplemento de el diario El Mundo dedicado a esta ciudad, reprodujeron fotos de esta performance. Al día siguiente, la viceportavoz del PP de esta ciudad, hizo unas declaraciones afirmando que se había producido un "escándalo". La prensa aprovechó para reproducir de nuevo imágenes de la performance de María.
Semejante afirmación no sólo faltaba a la verdad de los hechos, sino que ponía en evidencia la fobia de una parte (la más reaccionaria) de nuestra sociedad contra el desnudo femenino. En una situación así, cómo no pensar en la tesis de que el desnudo femenino puede entenderse como un test para calibrar la salud de una sociedad determinada. Y cómo no recordar que, desde el Renacimiento, el desnudo femenido en la pintura ha sido una punta de lanza en defensa de la libertad y de la emancipación de los tabús religiosos y tribales. Estamos ante una anécdota, pero como sucede tantas veces en la historia, puede verse como una categoría de individuos y grupos que siguen prisioneros de las formas cerradas de vivir y pensar, frente a las formas abiertas de las sociedades democráticas.
Estoy convencido de que, si este mismo comentario se hubiera escrito estando sobre el terreno habría sido útil para el análisis y el contraste de pareceres, tanto de los que estábamos en León como de los que podían encontarse a miles de kilómetros. Internet existe y nosotros existimos. No ganamos nada ignorándonos.




María AA en su performance "Alfombra Roja". Foto: F. Millán

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