miércoles, 9 de diciembre de 2009

Apuntes sobre escritores radicales: Felipe Boso

El "Apunte de Felipe Boso" que sigue, fue escrito hace varios años. Desde entonces, el interés por este poeta palentino no ha dejado de crecer. Sus libros se reeditan total o parcialmente, se le hacen homenajes, etc... Lo más lógico es que esta tendencia continue, y su obra inédita, sus escritos teóricos y críticos, se editen en forma de libro. Vistas así las cosas, este apunte debería ser más sustancioso y profundo. A pesar de todo, confío en que pueda ser útil para que las personas que aún no conocen a Felipe Boso, y se interesen por él.


La aparición de Felipe Boso en el precario panorama de la poesía experimental en España de los años setenta, fue un auténtico premio de lotería. Su temprana muerte (a los 56 años) en 1983, una desgracia irreparable. En ambos casos, la historia discurrió por caminos bien distintos de los que, en apariencia, estaban prefijados.
En el verano de1970, Boso fue una inyección de energía, de sentido común, racionalidad y eficacia. Apareció en mi domicilio de Madrid, después de un primer contacto epistolar, con su libro T de trama, que acababa de recoger en Santander, de paso desde Bonn donde residía desde los años cincuenta.
Aunque estaba a cientos de kilómetros de España, mantuvo relaciones más estrechas y positivas con revistas y editores españoles que los que vivíamos en la calle de al lado. En 1983, su muerte marcó el inicio de una nueva época para la poesía experimental en España.
Y también para algunos de los que llevábamos años trabajando en ese terreno. Lo mismo que el año 1975 fue el fin de un periodo, y el comienzo de otro, 1983 reúne una serie de hechos que dibujan nuevas actitudes y comportamientos. Hasta comienzos de los noventa, la poesía visual se separa cada vez más de sus orígenes experimentales, y a través de varios autores, se asocia cada vez más con el mail art o arte correo y con la performance en su versión de poema acción. También se produce la recuperación de Joan Brossa por parte del negocio del arte, y con ello la poesía visual llega a un público no especializado.
No tiene, desde luego ningún sentido especular sobre si todo se hubiera desarrollado tal como fue, si Boso hubiera permanecido operativo y con sus energías de siempre. Pero desde luego, como en el caso de la muerte de Julio Campal, su desaparición fue muy negativa.
Nadie que no llegara a conocer y tratar a Felipe puede hacerse una idea de su inteligencia, de su cultura y su bonhomía. Uno podía tener siempre la seguridad de que él en cada caso encontraría los argumentos para remediar un conflicto, o las razones para perdonar un olvido o incluso una ofensa.
Felipe era un hombre de una educación estricta, y ello incluía ser muy respetuoso a la hora de hablar de cualquier persona. Lo cual no excluía que tuviera un fino humor. En el mes de julio de 1978, le hice una visita en Meckenheim (un pequeño pueblo en las afueras de Bonn, donde vivía con su mujer Antje y sus tres hijos), y me quedé durante varios días en su domicilio. Unos meses antes había tenido su primer infarto de miocardio (el segundo, causa de su muerte, lo tuvo en 1983), y hablando de ello me comentó:

- La verdad es que es muy llamativo que me diera el infarto después de tener en casa como invitado durante un fin de semana a Carlos Edmundo de Ory. Y que justo el día antes, recibiera la antología que Manolo Bouza ha hecho para esa Universidad de París...

Coincidiendo con la preparación de estos “Apuntes” he revisado la correspondencia con Felipe Boso, y he leído alguna de las extensas e intensas cartas que me escribió. En algunos casos ha sido muy emocionante, porque su escritura mantiene una vitalidad que desborda, en otros la melancolía ha contaminado la atmósfera.
Muchos años después de su muerte, queda su poesía, tan textual y a la vez tan intelectual y emotiva. Los poemas de Felipe Fernández Alonso, que conocemos como Felipe Boso, un poeta fundamental del siglo XX.




Villarramiel de Campos, lugar de nacimiento de Felipe Boso, le ha dedicado una calle.